La evolución histórica de la psicología de la
educación y de la psicología de la instrucción puede interpretarse de hecho, en
buena medida, en clave desde los esfuerzos realizados desde la investigación
psicológica con el fin de proporcionar una respuesta ajustada a estas
expectativas ciertamente elevadas e incluso mas bien excesivas.
Dejando de lado, sin embargo, la apasionante y
polémica cuestión de si globalmente la psicología ha sido, está siendo o
muestra una clara tendencia a ser capaz en el futuro de satisfacer
adecuadamente las expectativas de las que es objeto desde el ámbito de la
educación, lo que nos interesa destacar aquí es la lógica interna y los
supuestos que han presidido estos intentos.
Una manera habitual de proceder, consiste en elegir una teoría del desarrollo, del
aprendizaje, o incluso una teoría general del funcionamiento psicológico, y
tomarla como punto de partida único y exclusivo para proceder a su aplicación
en el ámbito educativo.
el principio de jerarquía epistemológica entre por una
parte, el conocimiento psicológico, que es considerado como el conocimiento
científico básico, y por otra la teoría y la práctica educativa, que
constituirán mas bien un conjunto de saberes prácticos y profesionales cuya
fundamentación científica sólo podría ser asegurada por la aplicación del
conocimiento psicológico. El segundo principio es el que postula que, desde la
psicología, y mas concretamente desde la explicación psicológica elegida como
teoría de referencia, puede alcanzarse una explicación totalizadora de los procesos
educativos escolares, ignorando de este modo la exigencia de una aproximación
multidisciplinar que impone la propia naturaleza de estos procesos y adoptando,
implícita o explícitamente, un reduccionismo psicológico que, al menos en el campo
de la educación, el desarrollo de las disciplinas educativas se ha encargado de
declarar obsoleto desde hace ya varias décadas.
Desde el punto de vista educativo, la idea-fuerza tal
vez más potente también la más
ampliamente compartida es la que se refiere a la importancia de la actividad
mental constructiva de las personas en los procesos de adquisición del
conocimiento.
Trasladada al ámbito de la educación escolar, la
idea-fuerza del constructivismo conduce a poner el acento en la aportación
constructiva que realiza el alumno al propio proceso de aprendizaje.
Así, y por citar sólo los ejemplos más conocidos y más
frecuentes, encontramos propuestas constructivistas en educación que buscan la complementariedad
entre la teoría genética de Piaget y los enfoques del procesamiento humano de
la información.
Las teorías constructivistas del desarrollo y del aprendizaje
son interpeladas, son interrogadas, a partir de la problemática propia y
específica de la educación escolar, exactamente de la misma manera que son interpeladas
e interrogadas otras disciplinas educativas y la misma práctica. Esta
interpelación conduce a identificar una serie de principios explicativos que, además de aportar una respuesta a las cuestiones planteadas
contribuyen a profundizar y comprender mejor la naturaleza de la educación
escolar las funciones que cumple en el desarrollo y la socialización de los
seres humano, y los rasgos que diferencian actividades educativas escolares de
otros tipos de prácticas educativas.
Como puede apreciarse, la diferencia no estriba en las
teorías psicológicas de referencia que son las mismas sino el hecho de que sus
aportaciones aparecen filtradas por un nuevo elemento que actúa como tamiz y
que no tiene que ver, en principio, con las teorías psicológicas de referencia,
sino ,mas bien como una toma de postura, con un posicionamiento claro y
explícito sobre la naturaleza en funciones y características de la educación escolar.
Llegamos a ser quienes somos, cada uno y cada una con
unos rasgos idiosincrásicos y diferenciales, gracias a que podemos
incorporarnos a una matriz social y cultural que nos permite formar parte de un
grupo humano y compartir con los otros miembros del mismo un conjunto de
saberes y formas culturales.
En cuanto a las características propias y específicas
de la educación escolar, la concepción constructivista de la enseñanza y del
aprendizaje sitúa el punto de partida de la reflexión en la existencia de unas
instituciones específicamente pensadas, diseñadas, construidas y organizadas
para acogerla: las escuelas, los colegios, los institutos y, en general, los
centros educativos.